Diario de Lupus – Semana 2

lupus-warriorDespués de pasar por shock inicial y la etapa entendible de rabia, recriminaciones y autocompasión, pude entonces enfocarme en lo que tengo que hacer.

Esta ha sido una semana de tomar decisiones inteligentes para recuperar mi salud.

Lo primero es que estoy disciplinadamente siguiendo mi tratamiento. Todavía no estoy y nunca estaré contenta con dosis tan altas de Prednisona, pero igual me la tomo según indicado.

En este proceso, mi gran problema ha sido el Cellcept, por lo inconveniente que es. El Cellcept se tiene que tomar con el estómago vacío para que sea realmente efectivo. Es decir que, en el momento en que me lo voy a tomar, no puedo haber comido nada en las dos horas anteriores y no puedo comer nada en la hora siguiente.

Para una persona como yo, cuyos días parecen ser una eterna carrera de obstáculos, la coordinación y planificación que conlleva esta peculiaridad del Cellcept, ha sido una verdadera pesadilla logística. Sobre todo porque tengo que tomarme este medicamento dos veces al día.

Es decir que, por las mañanas, tengo que tomarme el Cellcept a más tardar a las 5:00 am para que, cuando me levante a las 6:00 am pueda tomarme mi café y funcionar (mi cerebro no despierta hasta que me tomo el primer buche de café). Mis mañanas son un corre y corre porque entro a trabajar a las 7:30 am, y levantarme más temprano tampoco es una opción, porque, en mi condición actual de salud, cada minuto de sueño cuenta.

Pero la verdadera pesadilla es la dosis de la tarde. Porque tengo que estar pendiente a que, a partir de las cuatro de la tarde, no puedo comer nada para poder tomarme el Cellcept a las 6:00 pm sin falta, para que entre 7:30 y 8:00 pm (dependiendo de cuáles eran las actividades de ese día) pueda cenar con mi familia. Tuve que ponerme una alarma, porque si se me olvida tomarme el Cellcept a la hora correcta, lo más seguro es que terminaré tomándome el medicamente después de las ocho o nueve de la noche.

Como les dije, es una pesadilla logística.

Por si fuera poco, esta semana, después de cuatro días de sentirme peor que de costumbre, sospecho que tengo la chinkungunya esa que le está dando a todo el mundo. Que, de hecho, no se siente mucho peor que un día malo de lupus. Así que, a los que le dio chinkungunya y se preguntan cómo yo me siento casi todos los días, ya tienen la respuesta.

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