Diario de Lupus – Semanas 4 y 5

strongBueno, los planes eran escribir más seguido, pero esos días en el hospital me sacaron por completo de mi rutina. Todavía no me siento cien por ciento bien, pero cada día me siento un poco mejor y eso ya lo considero ganancia.

Ya les coomenté que esos días en el hospital fueron unos de los días más horribles de mi vida. Yo salí del hospital completamente drenada tanto física como emocionalmente. Me sentía más enferma que cuando entré, tenía los brazos llenos de moretones de todos los pinchazos, la boca me sabía a medicina y no se me apetecía ni el agua (que en circunstancias normales me gusta tanto)… En fin, que me pasé los próximos tres días acostada y no me olían ni las azucenas.

Me dí cuenta que empezaba a sentirme mejor cuando un par de días después me miré al espejo y me horrorizó mi apariencia. Yo nunca he sido particularmente vanidosa, pero lo que vi fue una imagen digna de una película de terror. Empezando porque mis cejas tenían un look de Frida Kalo que y he hecho todo lo posible por evitar por años. Pero lo peor era mi pelo, toda una maranta indomable y yo sin un ápice de energía para siquiera empezar a domarla. En seguida me acordé del cuento La cabeza de Medusa de Miranda Merced y me temía que, cuando finalmente pudiera meterle mano a este pajón, encontraría en sus profundidades un par de catetes, alguna media perdida y quíen sabe qué más cosas. Me tomó unos días más reunir las fuerzas para lavarme el pelo. Esta es una actividad que en días normales me cansa mucho, así que en mi estado actual fue realmente un proyecto. Pero lo logré. Otra pequeña victoria.

El primer día que regresé al trabajo fue una verdadera hazaña llegar hasta mi escritorio por la mañana. Fue la caminata más larga que había hecho en semanas y me dejó exhausta. Esta semana trabajé sólo tres días, y cuando vino a llegar el viernes sentía como si hubiese trabajado dos semanas corridas, pero también sobreviví. Sé que el lunes próximo voy a tener más energía.

Lo que me hace sentirme más orgullosa de mí misma es que ayer finalmente volví a hacer Zumba después de casi tres semanas. Tuve que cogerlo suave y hasta me senté en una canción, pero lo hice. Y mañana regreso, porque esto es algo que no sólo necesito para mi salud, sino que también lo disfruto mucho.

Mi cuerpo todavía no se siente normal. Creo que pasarán varias semanas antes de sentirme como yo otra vez. Pero sigo tomándolo un día a la vez y estoy segura de que uno de estos días me voy a levantar con suficiente energía para saber que todo esto quedó atrás.

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